Paleontología

Nos encontramos entre 67 y 75 millones de años atrás, al final del Cretácico. Los Pirineos empezaban a levantarse y las sierras del Montsec y Sant Corneli estaban emergiendo. Es en este momento en el que los dinosaurios habitaban la Conca Dellà.

La Conca Dellà era una llanura costera abierta hacia el océano Atlántico. En esta llanura se desarrollaron playas, deltas, lagunas de aguas saladas, ríos y lagos, en un ambiente cálido y una vegetación abundante.

Éste era el escenario que habitaron durante un período de unos diez millones de años los dinosaurios de la Conca. Los restos de este pasado remoto nos hablan de una sorprendente diversidad (se han encontrado restos de hasta 6 dinosaurios diferentes) de los cuales los hadrosaurios han dejado una mayor cantidad de vestigios. Los hadrosaurios eran dinosaurios herbívoros que podían andar a dos o a cuatro patas. Como tenían la parte del morro muy ancha, también se conocen como “dinosaurios de pico de pato”. Otros dinosaurios que vivían en la Conca eran los titanosaurios: grandes herbívoros cuadrúpedos con una cabeza relativamente pequeña y un cuello y una cola sorprendentemente largos. También había pequeños dinosaurios herbívoros que tenían el cuerpo recubierto de gruesas placas óseas: los nodosaurios. Los restos de dinosaurios carnívoros hallados en la conca son muy escasos, pero se sabe que los había de tamaños grandes y pequeños. Toda esta fauna convivió con diferentes especies de peces, cocodrilos y tortugas, rodeados de una vegetación abundante, como testimonian los abundantes yacimientos con restos de flora.

Destacaremos algunos de los puntos de interés paleontológico, centrado en el mundo de vertebrados del final del Cretácico, existentes en esta zona prepirenaica:

Yacimiento de icnitas de la Posa

Al final del periodo Cretácico, la Posa se encontraba cerca de la que era la línea de costa, recordemos que en aquella época el paisaje era muy diferente del actual. Existían cordones litorales que limitaban el mar abierto de la costa y, en medio del cordón y la tierra firme, se extendía una laguna de aguas saladas intensamente poblada por diferentes tipos de animales: caracoles, almejas, corales, peces, etc.

El yacimiento de la Posa está constituido por un conjunto de más de 2.000 marcas de alimentación de rayas sobre un estrato de areniscas, que se produjeron en un ambiente de llano costero barrido por las mareas. Los indicios que se observan en el yacimiento nos permiten afirmar que las huellas se formaron en el litoral, dentro del agua, tal como lo demuestra la presencia de "ripple marks", que son estructuras sedimentarias que se forman a causa de la acción de la corriente de agua sobre la arena del fondo, y agujeros y galerías producidas por cangrejos y bivalvas. Estos pequeños invertebrados constituyen un excelente alimento para las rayas, peces de esqueleto cartilaginoso, emparentados con los tiburones.

Las rayas actuales todavía dejan este tipo de huellas en la arena, como se ha podido observar en las playas actuales de América del Norte, cuando se retira la marea.

Yacimiento de huevos de Basturs

Los huevos de dinosaurio de Basturs se encuentran en el límite del Arenisca de Areny, una formación geológica formada por materiales sedimentados en ambientes litorales. Hace 70 millones de años los dinosaurios aprovecharon estas arenas de playa para establecer una zona de nidificación a la que volvían periódicamente para desovar.

La superficie del yacimiento es de unos 6.000 m2, se pueden observar un gran número de nidos, así como incontables fragmentos de cáscara. La presencia de "ripples" demuestra que el lugar estaba situado muy cerca del mar.

Estos huevos son esféricos, con un diámetro medio de 20 cm y el grosor de la cáscara es de entre 1,5 y 2 mm, con una estructura peculiar que hace que su superficie sea rugosa. Los nidos están formados por grupos de entre cuatro y siete huevos, conservándose la disposición original del nido.



 

 

Yacimiento de la Posa

 

Yacimiento de huevos de Basturs

 

 

 

 

Huevo de dinosaurio

     
   
   
  © Museu Conca Dellà